Las hojas secas de otoño dominaban el paisaje. Las almas solitarias divagan de un lado a otro buscando a sus preciadas familias que, en un día como hoy, se dedican a visitar sus tumbas del cementerio. Flores que acabarán marchitándose a los pocos días llenaban el entorno de color. Y todo para recordarles a los muertos que no volverán a escuchar el crujido de una hoja seca mientras pasean por un jardín, ni el olor a flores frescas que algún día fueron parte de sus vidas. Ahora todos las ánimas están despiertas, no las dejan dormir.

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